sábado, 10 de diciembre de 2011

Pelea en la playa con Uru (I)

Todo sucede con un chico Uruguayo de mi edad, futbolista, de músculos más o menos marcados. Nosotros, en la playa solemos jugar al fútbol, pero cuando no hay nadie, jugamos a las peleas. Ambos usamos bermudas y estamos sin camiseta. Cuando peleamos, nos agarramos del cuello, nos retorcemos los brazos, lo pies... Siempre me había gustado, pero nunca me había atrevido a tocarle nada. Un día, jugando a las peleas le agarré fuertemente el culo, pues sus piernas se aferraban a mi cintura sin permitirme casi moverme. Conseguí soltarme y cambiamos de posición, y yo aproveche y le lleve la mano al paquete y se lo agarre suavemente. Se había vuelto prácticamente de noche, apenas había nadie a nuestro alrededor.

En otras ocasiones también jugábamos a bajarnos los pantalones y dejar al otro en calzoncillos, sin importar si había gente o no, pues en parte lo hacíamos para ridiculizar al otro. Así que ese día no me quise quedar atrás. Tiré de su pantalón hasta que llego a sus tobillos, y luego se los acabe quitando completamente. Llevaba unos calzoncillos amarillos ajustados, que le marcaban un buen culo. Esos ya se los había visto otras veces, pero no durante tanto tiempo, pues lo normal era subir los pantalones instantáneamente.

Una vez le había quitado los pantalones, los cogí y los lancé a un par de metros. A continuación se abalanzó sobre mí, no intentó recuperar sus pantalones. Seguimos forcejeando, y él, aunque intentaba quitarme los míos, no lo conseguía. En uno de los cambios de posición, acabé, no creo que por accidente, con mi cara pegada a sus calzoncillos, con mi nariz rozando su polla. Aproveche, subí un poco la cabeza, y le rocé la polla con los labios, lo que le hizo reaccionar. Entonces el cogió, me agarró por los pies, se levanto y me dejó casi haciendo el pino, aprovechando para quitarme el pantalón, y lanzarlo lejos.

Los dos estábamos en calzoncillos, y yo algo excitado, pero por suerte no se me notaba. En ese momento ya no había nadie alrededor. Más tarde yo le tenía inmovilizado y metí mi mano dentro de su calzoncillo por la parte del culo y lo agarré suavemente. Él se giró y me agarró inmovilizándome. Entonces el también parecía que quería algo, pues me llevó la mano al paquete y lo apretó. Yo no me podía mover, y el seguía apretando, no muy fuerte, pero tampoco tan suave como yo se lo hacía a él.

Conseguí cambiar de posición y esta vez se quedo con la cara pegada a mi paquete. Volvimos a cambiar de posición varias veces, cuando me decidí e intente bajarle los calzoncillos. No lo hice con éxito, pero conseguí verle el pene. Estaba completamente flácido, pero en ese estado no era demasiado grande. El pareció enfadarse, pues me retorció el brazo más que otras veces, lo cual me produjo algo de dolor. Pero no tardé mucho en liberar mi brazo para volver a intentarlo. Esta vez sí que lo conseguí. Le quité su calzoncillo amarillo y lo lancé lejos. 

Él intentó recuperarlos, pero le agarré y le tiré al suelo, impidiéndole hacerlo. Yo no podía evitar mirarlo. Él, al verse incapaz de recuperar sus calzoncillo, optó por quitarme los míos. Yo no opuse demasiada resistencia, así que le resultó fácil. Los lanzó, y ambos quedemos desnudos, enfrentados, uno contra al otro.

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